Durante el curso escolar, podemos percibir que nuestro hijo o hija tiene dificultades para seguir el ritmo académico. Tal vez las tareas se le acumulan, las calificaciones no mejoran a pesar del esfuerzo o simplemente vemos que se frustra con facilidad a la hora de estudiar.
Puede resultar difícil saber si se trata de un simple bache pasajero, un problema motivación o algo más complejo relacionado con la manera en que procesa la información. En estos casos, una valoración neuropsicológica puede ser la clave para entender qué está ocurriendo y saber cómo ayudar de forma efectiva a nuestro hijo o hija.
Una valoración neuropsicológica está compuesta por una serie de entrevistas y pruebas estructuradas y estandarizadas que realiza un neuropsicólogo para conocer en profundidad cómo funciona el cerebro de la persona a distintos niveles: atención, memoria, razonamiento, lenguaje, funciones visoespaciales, velocidad de procesamiento, funciones ejecutivas, entre otros.
Estas pruebas suelen dividirse en sesiones de 50-60 minutos cada una, dependiendo de la edad y capacidad de concentración del niño/a.
Una vez recogidos todos los datos, se elabora un informe detallado que incluye una descripción de los puntos fuertes y débiles de la persona, un diagnóstico (si lo hubiera) de un trastorno del aprendizaje específico (dislexia, discalculia, TDAH…) y recomendaciones concretas e individualizadas tanto a nivel académico como familiar, ya sean adaptaciones escolares, estrategias de estudio, pautas para los padres así como posibles derivaciones a otros profesionales.
Hay niños/as que, pese a esforzare, no rinden académicamente porque existe un problema concreto en la forma que tienen de procesar la información.
No todos los niños/as con bajo rendimiento académico necesitan una valoración completa. Algunas señales de alerta son:
Si observas alguna de estas señales en tu hijo/a, la valoración neuropsicológica puede arrojar luz sobre las posibles causas y evitar que esas dificultades se cronifiquen o deriven en problemas mayores.
Detectar estas dificultades a tiempo permite poner en marcha adaptaciones escolares para la persona que le permitan mejorar su rendimiento académico, así como trabajar en el entrenamiento de las áreas que están comprometidas.
No todas las notas bajas se deben a fata de interés. A veces, un niño/a que “no estudia lo suficiente” en realidad no sabe cómo organizar la información o cómo memorizarla de manera eficiente.
Con una valoración neuropsicológica, podemos saber si la causa se debe a una dificultad a nivel atencional, de memoria, de velocidad de procesamiento, etc., o en factores emocionales que pueden estar afectando a todas estas áreas. Así, evitamos etiquetar al niño/a de “vago” o “perezoso” cuando lo que realmente necesita son herramientas adaptadas a sus necesidades.
A veces no aparece ningún trastorno concreto, pero se detectan dificultades cognitivas. Con esta información, se puede diseñar un plan de mejora adaptado a entrenar las áreas en las que el niño/a esté teniendo problemas. El objetivo es potencial al máximo sus competencias para que, poco a poco, vaya sintiéndose más seguro en el ámbito académico.
Saber qué ocurre y por qué puede ayudar a los padres a dejar de sentirse desorientados y sin herramientas. Un informe neuropsicológico tiene como objetivo ser una herramienta para entender mejor al niño/a, dándole los apoyos necesarios y acompañarle de forma más efectiva.
A veces, los niños/as pueden pensar que no valen o que no son buenos estudiantes cuando, en realidad, solo necesitan otro tipo de método de aprendizaje. Reconocer esto evita que se den situaciones de abandono escolar.
Cuanto antes se identifique el problema, mejor será el pronóstico. La intervención neuropsicológica en cursos tempranos facilita que el niño/a adquiera estrategias que le hagan mejorar a nivel académico y poder tener una base sólida de cara a cursos posteriores.
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